SUFRIREMOS SI, PERO LO HAREMOS DIGNAMENTE!!!!!
De gruporenacer miércoles 28 mayo 2025
El sufrimiento es una constante en la vida, es decir: que nosotros, seres humanos, somos seres humanos sufrientes, que tenemos instancias de menos sufrimiento, instancias de más sufrimiento, sufrimientos por causas más intensas unas que otras, pero en última instancia uno podría decir que el sufrimiento es la respuesta del hombre a su devenir en el tiempo.
Ya 3000 años atrás, Siddartha Gautama, dotado de un agudo entendimiento, no podía comprender, sin embargo, como todas las personas, ya fueran ricas o pobres, de alcurnia o plebeyos, sin excepción alguna, debían experimentar ciertos sufrimientos comunes a todos los seres humanos. Nadie podía escapar al dolor o a la frustración provenientes de la enfermedad, de la vejez o del temor a la muerte, hechos inevitables por la mera circunstancia de haber nacido. Entonces, por ello creó el budismo, intentando aliviar el sufrimiento humano.
El filósofo japonés Daisaku Ikeda, sostiene que se sufre por circunstancias fundamentales que describe detalladamente así: «El sufrimiento de nacer atado a las cadenas del karma, la soledad de la vejez, la angustia de la enfermedad , el miedo a la verdad ineludible de la muerte, el sufrimiento por desprenderse de los seres queridos, el descontento por sentirse incapaz de obtener lo que se desea en la vida y el sufrimiento por ser incapaz de lograr la armonía en los aspectos físico y espiritual de la propia vida, sintiéndose, en consecuencia pesado y depresivo», a lo cual Víctor Frank agrega: «…por no encontrarle sentido a la vida».
RENACER trabaja con aquello que es universal, lo que es común a todos nosotros y lo universal es el sufrimiento y no las emociones ni los sentimientos que de él derivan.
Como cada uno de nosotros somos seres únicos e irrepetibles. Nuestras emociones y nuestros sentimientos son muy disímiles, son muy distintos, son muy diferentes. Entonces, querer trabajar con aquello que es diferente en todos es muy difícil y no tiene sentido, hacer eso sería hacer una psicoterapia de grupo y, si así se hubiera hecho desde el principio, hoy no existiría RENACER.
Después de perder un hijo, nunca más somos las mismas personas, somos otra persona distinta y tenemos que elegir. ¿Qué clase de persona vamos a ser? No quedan más que dos caminos: o ser mejor persona o ser peor persona. Si alguien conoce otra posibilidad, que lo diga, no hay otras opciones. No puedo dejar que mi sufrimiento maneje mi vida, viviendo como un “zombie”, así sería si dejamos que el sufrimiento maneje muestra vida.
Los sentimientos son parte de nuestro ser reducido, de nuestra dimensión reducida de hombres, pero donde nosotros realmente habitamos es en el amor. Entonces, se nos plantea el problema de la propia responsabilidad: «¿Qué hago de mi vida de aquí en más?». De pronto, uno se da cuenta y se dice: «Tengo que sufrir, no puedo evitarlo, pero puedo elegir cómo sufrir».
¿Es lo mismo sufrir dignamente, que sufrir miserablemente?. Una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con ésto que nos pasó.
Estamos en RENACER no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en RENACER porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas. Para que cuando nos toque partir, no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.
Cada uno concurre a RENACER a dar algo de él mismo en recuerdo, en memoria de ese hijo que partió. No voy a dar tristeza, llanto, bronca o rabia pues si voy a dar algo en memoria de mi querido hijo, tengo que dar algo hermoso, y lo único que tengo para dar es amor. Todavía podemos sentir y dar amor en nombre de los hijos que no están.
La pérdida de un hijo, no genera en una persona odio, no genera rencor, no genera bronca. La pérdida de un hijo genera primaria y sustancialmente sufrimiento y el sufrimiento es generador de toda clase de emociones.
Al sufrimiento hay que resolverlo, al sufrimiento hay que dotarlo de sentido, al integrar RENACER vamos a dar algo en homenaje al hijo, a forjar la memoria colectiva de nuestros hijos de la manera más linda posible y al dotar al sufrimiento de sentido, somos seres con esperanza. Es, precisamente, a través de esa memoria colectiva, que podemos vivir, nuevamente, una vida plena y no tenemos que entrar a discurrir que es la felicidad, que es la alegría, que es esto o aquello, podemos decir, simplemente, que llevamos una vida plena de sentido. El sufrimiento se resuelve a través del servicio dando amor y cada uno elige como hacer el homenaje a su hijo y ese homenaje. Como no puede ser de otra manera, lo elige la propia conciencia.
Hubo un momento en que se rompió nuestra conexión con el mundo, se rompió la conexión con el otro, porque cuando parte un hijo, de repente, uno se encuentra aislado, solo con su dolor, solo consigo mismo, todo cambió, se rompió el puente que nos unía al mundo y a los demás. Entonces hay que volver a construir ese puente que me va a llevar otra vez a relacionarme con el mundo, con los demás.
No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a estar bien. No, no es así, es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, otra vez a considerar «al otro» en mi vida. Porque no todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan cuando se va un hijo. Esa es la tarea, descubrir: qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo, qué es lo que comienza que tenga el mismo valor que ese hijo que se fue, ese es el desafío para todos nosotros.
Dar amor, un amor al que accedemos por una tragedia, pudiendo ver el amor de una manera distinta a la que lo ven quienes no han tenido tal tragedia en sus vidas.
Enrique Conde