RENACER SE DEBE, POR ENCIMA DE TODAS LAS COSAS, A LOS PADRES NUEVOS

RENACER SE DEBE, POR ENCIMA DE TODAS LAS COSAS, A LOS PADRES NUEVOS.

Publicado por anibalcaropreso

Fragmento de “Esencia y Fundamentos de Renacer“

La tarea de RENACER se debe, por encima de todas las cosas, a los padres nuevos y a los que más sufren.

Para hacerlo, propone una tarea basada en la autotrascendencia, el sacrificio y la autorrenuncia.

Por autotrascendencia entendemos, la capacidad del ser humano de orientarse a algo o alguien que no es él mismo, como es una persona a quien amar, una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien emanan del hombre, no están dirigidas a si mismo, sino a la vida, a Dios, o a nadie en particular.

Estos tres sentidos de nuestra autotrascendencia, confluyen en uno sólo como quizás en ninguna otra ocasión en la vida.

En los grupos de Ayuda Mutua: el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud.

Esta dedicación sin reparos a aquellos padres que recién ingresan o son más nuevos, tiene una recompensa no buscada, de enorme valor, que reside en el hecho existencial de producirse el olvido del propio dolor al preocuparnos por el dolor de los demás.

¿ CUAL ES EL PRIMER PASO EN ESE LARGO Y DIFICIL CAMINO, QUE LOS GRUPOS DE AYUDA MUTUA OFRECEN ?

¿ CUAL ES EL PRIMER PASO EN ESE LARGO Y DIFICIL CAMINO, QUE LOS GRUPOS DE AYUDA MUTUA OFRECEN ?

Publicado por aliciacristian

Por Alicia y Gustavo Berti

¿Cómo hacer para sacar a los integrantes de estados de profunda concentración en sí mismos y preocuparse por el otro?

Se debe comenzar por aprender nuevas maneras de comunicación que partan desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro, aprender, en ese proceso, a ver al otro como aquel para quien yo soy el otro.

Y lo mejor de cada uno es ese amor que aún tenemos por nuestros hijos, por la vida, por Dios o por uno mismo, puesto que si los corazones estuviesen secos, sin nada de amor nadie estaría en grupo alguno.”

“Elisabeth Lukas nos deja la convicción de que: “toda persona, aunque
psíquicamente sea sumamente contrahecha y acorralada, podrá salvar su alma por la entrega de un poco de amor.”

“Es, entonces, a través de ese amor por el hermano que sufre y que está frente a mí que podemos darnos cuenta que, en homenaje a nuestros hijos, hemos comenzado a reemplazar el sentimiento de dolor y desesperación por un sentimiento de amor.”

Cierra los ojos y siente

CIERRA LOS OJOS Y SIENTE

Antes de la muerte de mi hijo yo era una especialista en rehuir las emociones. Asociaba, sin ser consciente de ello, el sentir con el dolor.

Y sí, es cierto, hay emociones que duelen, pero no conozco otra manera de trascenderlas que sintiéndolas. Parece una contradicción, ¿verdad?

La inteligencia emocional no es una asignatura que se de en la escuela, ni tampoco suele ser fácil adquirirla con el ejemplo familiar. Al contrario, en la mayoría de las casa se suelen ocultar, en realidad sin éxito, lo que se considera sentimientos negativos.

Por eso te propongo sentir, porqué sé que ahora conoces el desgarro de la peor de las ausencias y te mereces volver a la vida.

No te escondas en las mil corazas que llevamos encima. Aprovecha que estás en carne viva para notar la calidez de la brisa, el reconfortante calorcito del sol, el vigor del aire frío en la cara, la suavidad de las caricias…

Busca el sosiego del mar, la energía que desprenden los árboles, no pienses, tan solo siente.

Merce Castro Puig

RENACER es una escuela de vida

RENACER ES UNA ESCUELA DE VIDA

Publicado por aliciacristian

Palabras de Norberto Raviolo (siempre en nuestro recuerdo)

Renacer significa “volver a nacer”.

Es volver a empezar, desde otro lugar tratando de no cometer los errores que cometimos en el pasado.

Es el empeño y el esfuerzo por estar bien.

Renacer es para todos, pero no todos son para Renacer.

Esta crisis que se nos presentó al partir nuestros hijos no la arregla nadie que no sea nosotros mismos, ni el médico, ni el sacerdote, ni el psicólogo ( por supuesto que todo apoyo de ellos es útil, pueden ayudar y acompañar al igual que los amigos y la familia) pero somos nosotros los que tenemos que poner la fuerza para resolverlo. Es una decisión personal.

Es difícil enfrentarse con uno mismo. Para esto se necesita honestidad y muchísima humildad porque todo es nuevo, absolutamente todo es nuevo.

Nadie sabe como va a reaccionar y si uno quiere imaginar como ir más adelante no se sabe porque todos los días vivimos experiencias nuevas.

Se necesita Humildad para acercarme a otro que le pasó lo mismo que a mí.

Vamos a Renacer a brindar nuestra experiencia de lo que hicimos bien o mal en este camino.

De lo que hicimos bien para dar testimonio de las cosas que nos hicieron sentir mejor, con lo que hicimos mal para dar testimonio de lo que no es conveniente hacer.

Si uno esta decidido a salir del pozo, este es un instrumento válido, es el único que hay, no hay otra, acercarse al otro como cuando una mujer va a ser mamá y se acerca y le pregunta a otra que ya fue mamá ¿cómo es el parto?.

Esto es complicado pero tiene su recompensa, ¿cuál es la recompensa? Se acorta el tiempo de sufrimiento.

Todos sabemos lo que pasamos que es la noche larga y acortarla no es poco.

Es lo que hacemos en la escuela, uno va a aprender. Renacer es una “Escuela de vida”.

Del egocentrismo (Hiperreflexión), a salirse de sí mismo (Autotrascendencia), a través de la ayuda mutua.

Del egocentrismo (“Hiperreflexión”), a salirse de sí mismo (autotrascendencia), a través de la ayuda mutua.

Publicado por gruporenacer

Por Alicia y Gustavo Berti

Recopilación realizada por Enrique Conde de contenidos de charlas y escritos de Alicia Schneider y Gustavo Berti en los cuales se amplían los conceptos expresados en “Esencia y fundamentos de Renacer como grupo de ayuda mutua”. Incluídas en el libro “Tributo a Renacer a Renacer a los 23 años de su creación“

Según la visión de V. Frankl, el análisis del sufrimiento no ha de enfocarse desde el punto de vista “qué es”, sino “cómo es”, método en que está implícito el dedicarse al fenómeno humano del sufrimiento, antes que a las emociones y sentimientos que son derivados del fenómeno originario que es el sufrimiento.

Nada hace más egoísta al hombre y más cerrado en sí mismo, que el hecho de sufrir, pues para el hombre que sufre es sólo él y su dolor, no existe el sufrimiento de la humanidad; en ese momento es solamente su dolor.

En las situaciones límites, en los casos de intenso sufrimiento, en las
conmociones existenciales, toma lugar un verdadero aislamiento existencial; desaparece el mundo circundante que rodea al ser sufriente, no desaparece sólo su significado, sino el mundo mismo y es capaz de hacerle experimentar la nada, en su plenitud y puede observarse como desaparece el “hacia” de la auto-trascendencia humana; es como una puesta entre paréntesis del mundo que lo rodea.

En este reduccionismo en que el ser sufriente ha quedado atrapado en su dimensión psicológica, la dificultad existencial no reside en desde dónde trascender, pues es hecha desde el propio hombre, sino que reside en hacia dónde hacerlo.

Allí es cuando adquiere relevancia la “ayuda mutua” pues ésta consiste, precisamente, en salirse de uno mismo hacia otro ser humano, hacia un hermano que sufre.

Es necesario entender al sufrimiento como un fenómeno patrimonio de la humanidad entera, tal como lo es la muerte y la angustia y no como un fenómeno sólo del hombre que lo está viviendo.

Es importante el análisis del sufrimiento, como algo esencial de la humanidad y como una plataforma desde la cual estudiar la posibilidad de asumir una actitud, que desconectándose de sus propias vivencias, reconozca la capacidad para oponerse a cualquier condicionamiento, ya sea físico o psíquico, lo que representa un salto hacia la dimensión espiritual del hombre.

Salto que puede considerarse como una situación de desapego con una intencionalidad concreta: el preocuparse por otro ser sufriente que hace posible el distanciamiento del propio yo sufriente.

Según Frankl, el hombre arrojado a esta nada existencial, se enfrenta a dos posibilidades extremas: o permanece en profundos estados llamados de egocentrismo (hiperreflexión) o se re-encuentra con la auto-trascendencia propia de su ser que designa como derreflexión.

El egocentrismo (la “hiperreflexión”)

Encerrarse en sí mismo o estar mirándose sólo el ombligo, puede ser visto como un fracaso en el intento de reconquistar el ser desde esa nada a la que ha sido arrojado. Es deficitaria, dado que continúa ausente el mundo, es decir el “hacia” o el “a dónde” de la trascendencia.

En este caso, puede verse al sufrimiento como un anclaje existencial en la soledad absoluta de la individualidad, o como la imposibilidad de poder salir de hechos que le pueden suceder a un ser humano, los que impregnan el ocurrir del mundo. Así, el ser sufriente, habiendo perdido la existencia del ser del mundo en el cual es, se refugia en sus propias experiencias, dando lugar a estados de egocentrismo (hiperreflexión) de los que no puede desapegarse.

El hombre se ve inmerso en una ocupación egoísta en sí mismo, una especie de auto-contemplación psicológica perpetua, que conduce a disecar su vida anímica en la que las emociones se aferran a él, lo poseen y lo posicionan en su mundo interior.

La conciencia, que sólo puede ser considerada como «conciencia de», en estos casos es, rápidamente, transformada en «conciencia de dolor». De aquí en adelante todas las experiencias y vivencias de ese ser sufriente serán percibidas, a partir de un estado de conciencia uni-intencional, la «conciencia de dolor» en la que el «hacia donde» de cada acto remite a la propia interioridad de la persona.
Bernanos, en su libro Memorias de un Cura Rural, describe la pérdida de la trascendencia en la voz de su personaje principal: “Hoy he rezado sólo por mí. Dios no vino”

Ante cada nueva situación que se presenta, se reacciona siempre de la misma manera. Esto tiene vigencia en los Grupos, particularmente, cuando algún integrante hace gala de una actitud fatalista ante el sufrimiento o, en términos psicológicos, asume conductas cristalizadas ante él.

Salirse de sí mismo (derreflexión)

La otra posibilidad es la de emerger como un nuevo hombre, como un hombre capaz de trascenderse, sin perder su ser en el proceso.
Estamos hablando, en otras palabras, de la derreflexión frankliana, como un proceso mediante el cual el hombre debe “volver” a su ser para conocerlo, y, a posteriori, olvidarlo nuevamente, haciendo realidad ese auto conocimiento de los valores humanos propios que habían permanecido larvados y desde su nuevo ser, usándolo como plataforma, desplegarlo en una nueva actitud trascendente.

Esto es la puesta en práctica de lo que en filosofía consiste en el pasaje del plano caracterizado por el excesivo reflexionar sobre un sentimiento, al plano metafísico en el que, ese mismo sentimiento, es visto desde afuera, como espectador desinteresado, desapegado de ese particular estado de involucramiento con los hechos que impregnan el ocurrir del mundo. Sin embargo, aún es necesario otro paso para que la auto- trascendencia se lleve a cabo, que es la presencia de un “hacia donde” trascender.

Dicha presencia es la de un «Otro» con su reclamo inescapable y mediante la cual ese espectador desinteresado, es capaz de salirse de sí mismo sin aniquilarse, sin perder su ser pero des-hechizado de él, en palabras de Levinas.

Nietzsche dice que quien alcanza su ideal, precisamente, por ello va más allá de él mismo, en otras palabras, se trasciende a sí mismo.
La ayuda mutua es el ámbito adecuado para que el hombre doliente despliegue la auto-trascendencia, propia del ser humano, entendida como la salida del egocentrismo (hiperreflexión).

En la ayuda mutua ese ideal que menciona Nietzsche, es el Otro que sufre y necesita de nosotros y en ese requerir, está implícito no sólo un trascender orientado “hacia” el otro ser sufriente, sino un “regresar” a su propio ser, para asumir una actitud trascendente no sólo “desde” sino “hacia” él mismo.

Una actitud que lo haga elevarse por sobre sus propias emociones y sentimientos, puesto que lo requerido, es que se cambie a sí mismo, que se levante por sobre su dolor, para ayudar al otro ser que sufre, para lo cual es necesario que deje atrás su propio dolor y asuma una actitud que trasunte amor y paz interior.

Así, podemos pasar, casi sin darnos cuenta, del egocentrismo (hiperreflexión), la ayuda mutua mediante, a la libertad, a través de la auto-trascendencia.

El significado de la presencia del Otro

En los Grupos de ayuda mutua, aparece la presencia de otro ser sufriente, con la dimensión de fenómeno, con un brillo propio tan intenso que no puede ser ignorado, otro rostro que requiere; que más que requerir, demanda atención y con él aparece nuevamente el “hacia” de nuestra intencionalidad, un “hacia donde”, “hacia quién”, que facilita la derreflexión frankliana, como instrumento de la auto-trascendencia a reconquistar.

A lo largo de los años, en reuniones mantenidas con diferentes Grupos RENACER de Argentina, Uruguay, Chile y España, hemos hecho una misma pregunta a los integrantes de los Grupos, una pregunta en cuyo preguntar se abre el camino, no sólo a una adecuada comprensión del fenómeno de la ayuda mutua, sino a la experiencia del Otro como igual.

Esta pregunta es: ¿cuál creen ustedes que es el requisito fundamental para la existencia de la ayuda mutua? ¿Qué es aquello sin lo cual la ayuda mutua no podría existir? Solíamos obtener respuestas de la más variada índole, aunque ahora con el pasar de los años se ha comprendido su significado. Así, por ejemplo, alguien decía ¡El amor!, otro ¡El sufrimiento!, mientras que un tercero replicaba ¡Un lugar para reunirnos!

En ese momento se imponía un breve paréntesis para que todos pudieran sopesar las respuestas y crear una adecuada expectativa, en el ambiente que, en tensión la esperaba, momento en el cual dicha respuesta tomaba vida: ¡El requisito indispensable para la ayuda mutua es… la presencia de un Otro!

¡No puede haber ayuda mutua si estoy solo en el lugar de reunión!
Por esta razón, es que debo cuidar más al Otro que a mí mismo, es el Otro el que permite y facilita el despliegue de mi trascendencia. Es el Otro que me interpela cara a cara, cuya presencia es experiencia antes que palabra, experiencia de un sufrimiento compartido, que no puedo rechazar ni negar a riesgo de negarme a mí mismo.

Esta experiencia del Otro, que brilla con luz propia imposible de ignorar, abre las puertas al problema de la intersubjetividad.

Esta experiencia, se da en toda su plenitud en el mundo común del sufrimiento, en la que ambos, mi propio yo y el Otro, comparten absolutamente la misma experiencia.

El camino al aislamiento, que se había planteado al comentar la reducción existencial, queda anulado en la ayuda mutua, en la medida en que se comparte la experiencia “existencial” del Otro y se produce el salto del egoísmo a la trascendencia del propio yo, propiciada por esa experiencia.

En la auto-trascendencia del hombre, la presencia del rostro que me reclama, es donde la ayuda mutua adquiere su peso conceptual, al reconocer que el individuo concreto sólo puede ser rescatado por una salida hacia el Otro, motivada únicamente por la dimensión de lo ético.

La auto-trascendencia, consiste en desconectar a la persona de sus propias vivencias, para observarlas como vivencias universales, esta capacidad de todo ser humano de desconectarse, desapegarse de emociones propias, es una de las formas de manifestación del espíritu.

Para Frankl, el espíritu como tal, debe ser necesariamente libre para ser facultativamente a-intencional o, dicho en otras palabras, la a-intencionalidad es la demostración de la absoluta libertad del espíritu.

Cuando una persona que sufre una crisis existencial llega a un Grupo de ayuda mutua, lo hace con todo su sufrimiento encima, no con el de la humanidad. El hecho inicial, de encontrarse con 40 o 50 personas, que están experimentando la misma crisis existencial, tiende, automáticamente, a elevarla por sobre sus emociones y sentimientos y hacerle ver a ese sufrimiento, como un fenómeno perteneciente a la humanidad, como algo inherente a la esencia del hombre.

La resignificación del sufrimiento como esencial humano, se refleja en la conocida frase común a los Grupos de ayuda mutua: “Dolor compartido es dolor diluido”, frase que en realidad significa que la percepción de la universalidad del dolor facilita la aceptación individual.

Lo esencial reside en el sufrimiento como fenómeno humano común a todos los hombres, mientras que lo existencial, reside en la manera individual de sufrir, en vivir el propio sufrimiento sin escaparle, sin negarlo, sin considerarlo una enfermedad.

La esencialidad del sufrimiento, ha sido notablemente transmitida por Buda a través de la descripción del carácter ineludible del sufrimiento, la vejez y la muerte.

La importancia de esto, desde un punto de vista práctico para el funcionamiento de un Grupo, reside en que la puerta hacia la derreflexión se abre de una manera espontánea, a partir de la comprensión, intuitiva, del sufrimiento como aspecto esencial del hombre.

Frankl, ha insistido en que en la eterna dialéctica entre el hombre y la vida, donde la vida es quien pregunta y el hombre es quien debe responder.

A partir de este enunciado, tenemos derecho a pensar que la respuesta del hombre debe tener el mismo o mayor valor o jerarquía que el interrogante, de lo contrario la vida tendería a la involución y no a la evolución. Esto contribuye a confirmar la aseveración de Frankl que el hombre común y corriente que forma parte de cada cultura, tiene un conocimiento a priori de los valores, como si estuvieran larvados, que lo guían siempre hacia adelante, hacia un futuro mejor, hacia una búsqueda de sentido en tales interrogantes, como una brújula que apunta siempre al norte.

La culpa, la muerte, el sufrimiento

Si a lo largo de esta línea de pensamiento, tomamos a los grandes existenciales del hombre como son la culpa, la muerte, el sufrimiento y los analizamos desde la doble perspectiva de fenómenos específicamente humanos y de interrogantes, tenemos entonces que la respuesta debe ser, en primer lugar, mediante otro fenómeno, también específicamente humano, y, en segundo lugar, debe ser cualitativamente igual o superior al fenómeno planteado como interrogante y, de esta manera, llegamos a la dignidad, el amor y el servicio, como aspectos del sentido que yace oculto tras todo sufrimiento y se muestra en toda su luminosidad la libertad humana, que reside en su capacidad de desocultar esa verdad, ese sentido y darle vida sin alterarlo, sin desmerecerlo, sin reducirlo.

Finalmente, en la medida en que el carácter esencial, tanto del sufrimiento como de la respuesta al mismo, pueda ser percibido por los integrantes de un Grupo, será factible, asimismo, la percepción fenomenológica del Grupo, como una entidad común, como la “constitución intersubjetiva de un mundo común y, en tal sentido, objetivo” y factible de ser percibido de igual modo por cada uno de los integrantes.

Setiembre de 2007

La muerte de un hijo por propia decisión

La muerte de un hijo por propia decisión

Publicado por gruporenacer

Alicia Schneider, Gustavo Berti,

Río Cuarto, 1992, actualizado en el año 2001.

Qué difícil que es hablar de la muerte cuando afuera el sol ilumina el verde brillante de las hojas, las gotas de rocío en el pasto, las flores blancas del laurel, …en realidad es difícil hablar de la muerte en cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Tiene que ver con negar la existencia de una certeza. Todos sabemos que vamos a morir, es inevitable, y sin embargo haremos lo posible por ignorarlo y damos la espalda cuando le pasa “a los demás”.

Hasta que un día nos pasa nosotros; le pasa a seres que amamos más que a nada en el mundo…le pasa incluso a nuestros hijos, quienes nos enseñaron una nueva forma de amar que teníamos reservada sólo para ellos.

Y de entre todas las diversas formas de morir un hijo, el suicidio está entre las más duras y difíciles de aceptar para los seres que quedan. Generalmente sumidos en un dolor que no conoce iguales, y en una incredulidad que les hará repetirse una y otra vez: ¿Por qué, por qué? Al mismo tiempo que se reprochan el “no haberse dado cuenta” de lo que iba a suceder para evitarlo. Y de aquí en más comenzarán el largo y angustiante camino de las culpas que los acosan día y noche y no los dejan vivir, dormir, respirar.

Se culpan ellos, culpan a otros, culpan a Dios y aún quizá lo que les causa tanto desasosiego, culpan a los hijos que decidieron irse de esa manera. El dolor no parece tener límites, las nociones de castigo los acechan y quizá también la mirada de los demás, que creen ver –aún cuando no lo sean- acusadoras.

Pero así como sabemos muy poco sobre la muerte y el proceso de morir –lo que hace difícil consolar a los que sufren, especialmente a un padre que pierde hijos- nada sabemos –como sociedad- sobre cómo hablar al padre cuyo hijo se quitó la vida. Poco y nada se sabe lo que lleva a una persona a suicidarse. A veces “parecen” existir causas directas, muchas otras no. Y los padres se debatirán en un sin fin de tentativas de explicación, buscando el sosiego y la paz que parecen haberlos abandonado para siempre.

Conversando con adictos recuperados en las comunidades terapéuticas alrededor el mundo, Daytop, en EEUU. Viaje de vuelta en nuestro país, aprendemos algo invalorable. En una reunión de grupo de los padres de adictos, un padre se acusa de ser el culpable de la adicción del su hijo por haberle dado demasiado; inmediatamente un segundo padre se culpa de no haberle dado lo suficiente, otro dirá que lo amó demasiado y un cuarto que quizá no le demostró su amor lo suficiente.

En la larga trayectoria de estas comunidades de rehabilitación del adicto, la experiencia les dice que en realidad no se sabe por qué un chico acepta la droga, -que como ellos mismos lo expresan, son una forma lenta de suicidio- pueden ser múltiples las causas, pueden no ser detectables, puede ser un proceso, una decisión puramente personal de la persona (aún niños), que lo lleva a aceptar y no rechazar la droga.

Por su parte Elisabeth Lukas, logoterapeuta discípula de Viktor Frankl, llega a una conclusión semejante en su libro “El significado del sufrimiento”.

“Una madre buscó consejo porque una de sus hijas tenía serios problemas. Su segunda hija había sido un bebé no deseado, fue criada por sus abuelos, más adelante volvió a vivir con sus padres; fue violada por el padre y luego se alejó de la familia. Esta hija llegó más adelante a ser una joven y saludable mujer con un buen trabajo y una relación satisfactoria con su novio. La otra hija fue un bebé deseado, criada por padres amorosos y con las mejores oportunidades de educación, no fue violada, sin embargo era inestable y llena de problemas.”

Elisabeth Lukas agrega: “Esta realidad no se encuentra en los libros de texto de psicología. La teoría de traumas perdurables se halla entonces cuestionada. Una persona expuesta a traumas severos puede llevar una vida normal, mientras que otra, habiendo crecido en circunstancias favorables lleva una vida llena de problemas psicológicos. Cada persona responde a la vida de una manera individual.”

Y así es con los padres de los hijos que deciden terminar con sus vidas, perderán la paz sólo tratando de comprender qué llevó a su hijo de apariencia y vida normal a tomar decisión tan extrema.

Se fueron de nuestra vida “dando un portazo”, sin pedirnos permiso, pero se fueron. Consideremos por un momento dárselo, para que la partida sea menos dolorosa, para que ellos sepan que los amamos por sobretodo y a pesar de todo, y que no los juzgamos. Sólo Dios sabe lo que habitaba en sus corazones. Nuestros hijos son seres separados de nosotros, son el universo en si mismos. No siempre nos es posible saber lo que piensan, lo que sienten. Respetémosles su decisión de partir, aún de esa manera, a pesar del dolor. Quizá palabras similares a estas puedan señalar el comienzo del retorno a la paz interior: “Hijo querido, hasta aquí llegamos juntos. Vos has decidido seguir tu propio camino, has decidido partir. Y aunque no lo comprenda, te lo respeto, te quiero y deseo que seas feliz, que Dios te bendiga.”

Víctor Frankl dice en sus libros, que el hombre en su búsqueda de un sentido para su vida, a veces pareciera no encontrarlo en ésta, lo que puede motivarlo a hallarlo “del otro lado”, porque si así no fuese, no tomaría decisión alguna. Y aunque muchas religiones se expresan negativamente hacia el suicidio, nosotros creemos en un Dios de amor, y si estamos hechos a su imagen y semejanza, y somos capaces de amar y perdonar a nuestros hijos, por encima y a pesar de todo, tenemos la seguridad de que así lo hará él. Porque el amor es su naturaleza misma. Y es con amor que nos enseña. Porque detrás, alrededor y dentro del dolor que debemos vivir, está el amor, que es lo único que nos puede salvar del abismo.

Elisabeth Lukas reflexiona: “La gente debe darse cuenta que todavía les queda una elección, no importa cuán irrevocables sean los hechos, elegir la actitud que adoptarán frente a estas situaciones. Pueden aceptarlas o condenarse a si mismos o al mundo. Pueden mostrar coraje, confianza en el futuro o desesperanza. Esta es su decisión: el destino más cruel no tiene el poder de decidir cómo deben ellos enfrentarse a él. Una cosa sin embargo es cierta: si encontramos una actitud positiva al confrontarnos a circunstancias extremadamente negativas, encontramos un gran consuelo en el hecho de que no necesitamos perder la autoestima: podemos, aún con orgullo, llevar nuestro sufrimiento con dignidad y ser así un ejemplo para otros en sus propias tragedias.”

Elisabeth Kúbler-Ross nos dice que las partidas prematuras son una lección de amor incondicional, y nuestros hijos los maestros del verdadero y desinteresado amor; aquél que no tiene reclamos ni expectativas, que necesita siquiera de una presencia física.

Dejando fluir estos sentimiento en nuestro interior, daremos paso al nacimiento de un nuevo ser en nosotros. Un ser capaz de disfrutar nuevamente del sol y la naturaleza en todo su esplendor, un ser que no resentirá la vida, porque ha comprendido la muerte. Que no rechazará el dolor, porque ha sabido aprender de él, y que se acercará a otros que sufren ayudándolos a realizar su propio aprendizaje hasta encontrar la luz.

Renacer es una utopía?

RENACER ES UNA UTOPÍA?

Publicado por gruporenacer

Enrique Conde

Reflexiones de Marta Inés Morales de Liberti de RENACER TUCUMÁN ARGENTINA

    Mi experiencia en Renacer con motivo de cumplir 1 año de concurrencia a este grupo de ayuda mutua

    Asisto a RENACER, grupo de ayuda mutua-, desde una semana después de la partida de mi hija Julieta, y deseo exponer mis reflexiones acerca de este grupo.

    Durante el transcurso de este tiempo he podido ver que, si no entendemos que estamos recibiendo ayuda o no nos abrimos para recibirla, no podremos ser ayudados.

    El salvavidas nos es lanzado y tenemos que tomarlo para salir.


    Los padres, junto con el dolor, la tristeza y la incertidumbre, traen a Renacer, anécdotas, experiencias, historias, ejemplos, relacionados con el hijo que partió y puedo asegurar que muchos de nosotros tomamos esas expresiones, esos relatos, para ayudarnos a seguir adelante.

    En Renacer, interactuamos con padres que han pasado por idéntica situación. Todos sabemos de qué hablo.

    Al interactuar, percibimos que no somos los únicos que sufrimos la muerte de nuestros hijos y lo más importante: QUE NO ESTAMOS SOLOS, que ese otro que habla, que llora, que ríe o está callado será, a partir de nuestra llegada al grupo, nuestro compañero de ruta que ayudará y será ayudado, que nos mostrará cómo ir superando barreras que imaginábamos imposible de sortear, que colaborará en la recuperación de nuestra autoestima, y lo que es más importante creo yo- que nos acompañará en el camino de la superación del dolor.

     Todo esto quizá no lo vemos en las primeras reuniones a las que asistimos.

     En mi caso personal los comienzos fueron muy, muy difíciles, durísimos, pero seguí viniendo, y seguí y seguí aun cuando nada me entraba, nada entendía y todo lo que se decía lo olvidaba instantes después, es que sobrevivir a la muerte de un hijo es algo para lo que no estamos preparados; la pérdida está tan fuera del guion original, que acarrea un auténtico sismo emocional en nosotros, los padres.

     Estuve así meses, hasta que mi necesidad, mi deseo, mi meta de estar lo mejor posible como muchos de los que vi y recuerdo -en aquellos días- que reían y hacían bromas, empezaron a destaparme el alma y de esa manera poquito a poco estoy empezando a tomar las riendas de la vida y a acoger el sosiego que necesito para intentar volver a ser yo.

    Aquí siempre que se habla de muerte, de dolor, se contrapone la palabra amor; lo que no es fácil de entender en los comienzos.

    Yo sólo sentía el lacerante dolor y no podía relacionar ambos términos, además no pensaba, solo éramos mi dolor y yo, pero he aquí que voy entendiendo gracias a la paciencia y buena disposición de mis compañeros- que nos duele porque amamos.

    El dolor está, pero en RENACER como por arte de birlibirloque- el dolor nos acerca y el amor de nuestros hijos nos une.

    Para contrarrestar el terrible peso de nuestra pena, de nuestro dolor en cada acto, tarea, hecho, de nuestra vida, RENACER nos brinda la oportunidad de mejorar dándonos herramientas que de alguna manera impiden o al menos frenan la instalación de enfermedades físicas, psíquicas, emocionales para decirlo claro. Lo que no obsta, de ningún modo, la búsqueda de ayuda religiosa, o profesional como lo estoy haciendo yo, o de la compañía de familiares y de amigos, y, por qué no, de una laborterapia.

    He visto que aquí no se revelan verdades ni se dan manuales de instrucción para superar la crisis: RENACER es un amigo de confianza que nos escucha con interés y delicadeza, es interlocutor de nuestro dolor, no nos da consejos, no nos juzga ni por lo que decimos ni por lo que sentimos, hace factible volvernos de nuevo hacia la vida y nos da la posibilidad de iniciar nuevas relaciones y, entre otras muchas cosas, aprender a comprender y aceptar la muerte como parte de la vida. Aunque en nuestra cultura esto es muy difícil pues en occidente nos enseñan a “no pensar” en la muerte, por eso nos espanta tanto, porque no la aceptamos como parte de la vida.

    RENACER significa la oportunidad de compartir con otros papás y mamás el amor incondicional que seguimos sintiendo por nuestros hijos y hacer, en su honor, algo bueno por nosotros y por alguien más. RENACER es la respuesta a una necesidad.

    Cuando elegí asistir al grupo no sabía con qué me iba a encontrar, pero intuía que sería un sitio del que saldría mejor de lo que estaba. Y mi intuición no falló, porque el objetivo del grupo que es brindar acompañamiento, comprensión y afecto a los padres y madres que no saben cómo seguir viviendo luego del hecho más devastador la pérdida de un hijo-, fue cumpliéndose hasta ahora, y aunque me falta bastante sentir que soy una mamá recuperada, puedo decir que aquí voy aprendiendo que el duro batallar de cada jornada es avanzar sin pausa hacia metas que conduzcan a una plena recuperación.

    La utopía es pensar en lo imposible para poder hacer lo posible digo que no es sinónimo de idealismo inalcanzable: RENACER es una búsqueda que no termina en lo que se encuentra, porque lo encontrado sirve para generar nuevos proyectos, aprendizajes, discernimientos, trascendencia humana.

                                                                                      Viernes  24 de  Julio  de  2020

  Eixégesis de la reflexión  de Marta Inés Morales de Liberti de  Renacer Tucumán  Argentina, tomado de la serie “Buceando en el aljibe”  recopilado por Enrique y Ana Doris, con el aura de Ulises y el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”

Hay preguntas que tienen respuestas

HAY PREGUNTAS QUE TIENEN RESPUESTAS

Publicado por anibalcaropreso

Este sábado 18 de Julio, en el canal de Youtube RENACER en Vivo, agregamos una dinámica adicional a las charlas, para que las mamás y papás interactuaran respondiendo la siguiente pregunta:

¿Encontraste en RENACER lo que fuiste a buscar?
La conclusión recogida entre todas las respuestas, fue la siguiente:

Muchas mamás y papás desde un inicio llegaron a los grupos de trabajo, buscando la manera de cómo seguir viviendo. Muchos otros llegaron en estado de confusión muy grande sin saber lo que iban a buscar. Otros, llegaron para encontrar respuestas, como así también otros con la necesidad de estar en contacto con papás que hayan pasado por la misma situación.

Todos concuerdan que encontraron en RENACER muchas cosas: Un camino, ese puente para volver a conectar con la Vida, encontraron La Paz, compañía, calma para el alma.

Todos también, expresaron gratitud por haber llegado a RENACER. Muchos cuentan que están en los grupos hace mucho, y que no van a dejar de estar porque encontraron en RENACER una “filosofía de Vida”, razón de existencia y sentido nuevo a esta vida distinta que emprendemos los padres todos, luego de trascender la partida de nuestros Hijos.

Muchas Gracias a todas las mamás y papás que participaron, lo que permite seguir enriqueciendo la interpretación del mensaje de RENACER, a la vez de seguir aprendiendo todos juntos.

Acerca de los personalismos

ACERCA DE LOS PERSONALISMOS

Cuando nos dicen en algunas preguntas, que en alguno de los grupos hay personalismos, que hay personas que quieren adueñarse de los grupos, yo digo

¿cómo se van a adueñar de algo que no existe, si Renacer es una entidad virtual?

No tiene personería jurídica, no tiene membrete, no tiene autoridades, no tiene a veces ni siquiera lugar donde reunirse, que es lo que es.

¿Cómo me voy a hacer dueño de algo que en el fondo no existe?

¿Cómo me voy a hacer dueño de un mensaje que es de los hijos de miles de padres de todo el país y de otros países?

Berti G., “20 Aniversario de Renacer”, Huerta Grande, 2018

Déjate arropar por la ternura

DÉJATE ARROPAR POR LA TERNURA

Ahora te parece imposible salir a flote, lo sé, al principio el dolor es tan intenso que parece interminable. La vida sin él o ella no tiene sentido. Así suelen empezar los grande duelos.

Aprender a vivir sin la presencia física del ser inmensamente amado es desgarrador y, en ocasiones, tirar la toalla parece la única salida.

Puedes quedarte en la cuneta, tanto tiempo como necesites, pero si apuestas por volver a la vida, el universo entero conspira para ayudarte a renacer.

Es verdad que nadie puede vivir por ti tu dolor, pero muchas manos pueden sostenerte en tus días más oscuros si abres tu corazón, si te permites sentir.

Ten paciencia, las emociones se desbocan; el miedo suele envolverlo todo, la tristeza impregna hasta las pareces, la culpa o la rabia se hacen fuertes y tal vez pienses que vas a volverte loca. No te asustes, lo que te ocurre es normal, te estás transformando. Tan solo siente y déjate arropar por la ternura que emana tu alma.

El proceso dura lo que dura y a medida que vayas despojándote de viejas heridas, de miedos antiguos de maneras de hacer que ya no te sirven, se abrirán claros y empezarás a vislumbrar que el amor que sientes por los que se han ido es, si cave, más fuerte.

Aunque nada es como antes, ellos, de otra forma, te acompañan y siguen formando parte de tu proyecto de vida. Si eliges llenar el vacío con amabilidad y cariño hacia ti misma nunca estarás sola.

Cuando nos miramos con ojos bondadosos es más fácil conectar con la alegría y la calma.

MERCÈ CASTRO PUIG