Tu muerte mi mayor lección de vida

Hoy quiero compartir una Reflexion en memoria de mi amado hijo Santos Rigel
4to aniversario luctuoso

Tu muerte mi mayor lección de vida

-Me enseñó que la muerte es una realidad
-aprendi que en esta vida venimos a amar y ser amados
-Aprendí que la Soledad no es mala por el contrario mi mejor compañía
-aprendi a amar a quien sufre
Aprendi que esta vida es pasajera y hay que vivirla como si fuera el último día como vivías tu
-nunca sabes que tan fuerte eres hasta que te toca serlo
-que si te pasa te mueres ja, ironía de la vida seguimos vivas porque aún no es nuestro momento
-aprendi que solo muere quien es olvidado y tu vivirás mientras te recuerden
-aprendi que la fe , te hace fuerte porque confiar en la promesa es mi mayor esperanza.
-aprendi a mirar la vida y la muerte de frente porque ambas son vida…porque tu muerte me dio vida aprendi a vivir, a disfrutar lo bello de este mundo, hoy puedo cerrar los ojos dejarme acariciar por el viento, mirar las nubes, las plantas, el cantar de los pájaros, hoy lo más bello a mis ojos son todo lo hermoso de la creación…..para mi no hay muerte solo una nueva vida y algún dia nos encontraremos en un abrazo eterno tu y yo mi amor.

Cristina mamá de santos

Anuncios

Ser la razón del bienestar de otro

SER LA RAZÓN DEL BIENESTAR DEL OTRO

JUEVES 22 AGOSTO 2019GRUPORENACERDEJA UN COMENTARIO 1 0 CALIFICAR AQUÍ

Del libro  ,”Páginas sin punto final para un libro sin punto final“, de Enrique Conde, Montevideo, 2010


“Los grupos se forman cuando muchas personas pueden tener una actitud digna frente a lo que les sucede, y eso es un proceso de aprendizaje que cada uno tiene que hacer y, para eso, es la actividad que nosotros hemos propuesto, que es la esencia de la Ayuda Mutua.
¿Cuál es ese requisito indispensable para que exista un grupo de Ayuda Mutua?, es decir, ¿Qué es aquello sin lo cual no podría existir un grupo de Ayuda Mutua?: la presencia de otra persona, no la mía, la del otro.

Si yo voy a un grupo y no hay nadie ¿de qué me sirve?, sólo me sirve en el caso que yo encuentre a otra persona frente a mí, entonces, tengo que valorar más la presencia de la otra persona, porque sin ella no hay grupo, sin ella no hay Ayuda Mutua, en consecuencia, yo tengo que valorar, tengo que respetar, tengo que cuidar la presencia del otro.”

“¿Cuál es el primer paso en ese largo y difícil camino que los grupos de Ayuda Mutua ofrecen?

¿Cómo hacer para sacar a los integrantes de estados de profunda concentración en sí mismos y preocuparse por el otro?

Se debe comenzar por aprender nuevas maneras de comunicación que partan desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro, aprender, en ese proceso, a ver al otro como aquel para quien yo soy el otro.

Y lo mejor de cada uno es ese amor que aún tenemos por nuestros hijos, por la vida, por Dios o por uno mismo, puesto que si los corazones estuviesen secos, sin nada de amor, nadie estaría en grupo alguno.”

“Elisabeth Lukas nos deja la convicción de que: “toda persona, aunque psíquicamente sea sumamente contrahecha y acorralada, podrá salvar su alma por la entrega de un poco de amor.”

“Es, entonces, a través de ese amor por el hermano que sufre y que está frente a mí, que podemos darnos cuenta que, en homenaje a nuestros hijos, hemos comenzado a reemplazar el sentimiento de dolor y desesperación por un sentimiento de amor.”

“Autorrenuncia, significa renunciar a muchas cosas, pero, por sobre todo, significa renunciar a mis emociones que son encontradas, violentas, opuestas, renuncio al dolor desesperado, pero para que haya un acto de renuncia, debe haber algo de por sí más elevado, sólo puede renunciarse a algo por algo más elevado, algo que le dé un sentido a esa renuncia y eso es el amor por los hijos, por los hijos que no están y por los hijos que están, que nos reclaman, por la vida y por nosotros mismos.”

“Querer ser la razón del bienestar del otro, es moneda corriente en los grupos de Ayuda Mutua, y se refleja en la profunda satisfacción que experimentan los integrantes cuando una nueva persona que se ha acercado a un grupo, se retira del mismo con una sonrisa en los labios.

Así es más fácil entender porqué los seres sufrientes, se quedan en los grupos, pues en ellos adquieren su verdadera dimensión como personas, sin máscara alguna, y se dan cuenta, algunos por primera vez, que es posible el amor entre los seres humanos.”
“Cada uno de nosotros, es un universo rico en experiencias, rico y maravilloso para ofrecerse, abrirse al mundo, abrámonos los unos a los otros, amémonos los unos a los otros, ya ese mensaje se dio, ¿hace cuántos años atrás? y sigue siendo tan vigente, tan maravilloso.”

“La trascendencia implica sacrificio, autorrenuncia, renuncia a cosas por otra persona; lleva a un ser para otro.”

“La mayoría de los padres vienen porque no les gusta la forma en que están viviendo sus vidas, y, si bien es cierto, que los padres, inicialmente, identifican “trascendencia” con “dejar atrás el dolor”, pronto se dan cuenta que, fundamentalmente, significa elevarse por encima de sí mismos para dirigir su esfuerzo y amor hacia otros, desde ese momento, el grupo se vuelve una entidad capaz de facilitar su crecimiento interior.”

“Se cumple así la afirmación de Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano” y sin buscarlo tiene una recompensa, esa recompensa es la paz interior, es la calma, es el cese de todas las turbulencias.

“Por autotrascendencia entendemos la capacidad del ser humano de orientarse a algo o a alguien que no es él mismo, como es una persona a quien amar, una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien, emanan del hombre, no están dirigidos a sí mismo sino a la vida, a Dios, o a nadie en particular.”

“Estos tres sentidos de nuestra autotrascendencia confluyen en uno solo, como quizá en ninguna otra ocasión en la vida, en los grupos de Ayuda Mutua: el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud.”

“Esta dedicación sin reparos, a aquellos padres que recién ingresan o son más nuevos, tiene una recompensa no buscada, de enorme valor que reside en el hecho existencial de producirse el olvido del propio dolor, al preocuparnos por el dolor de los demás, porque quien lleva la luz a los demás, no la puede separar de sí mismo.”. . .

Yo se lo que se siente

Yo sé lo que se siente…
Bueno, ¿Qué te digo a ti? que te acabas de unir a la interminable lista de padres que hemos tenido que despedirnos de un hijo en esta vida..

NO hay una forma correcta, en esta vida, de cómo debe ser tu accionar después de la muerte de tu hijo ; solo te diré algo, permítete todo lo que se te de la gana…

Deseas que el universo a tu alrededor desaparezca, aunque inevitablemente estarás rodeada por las personas que te aman pero sabes que nada será suficiente para llenar el vacio que ha dejado tu hijo.

Deseas morirte todos los días, deseas que el sol y la luna desaparezcan, deseas que las flores no sean de colores, deseas que alguien en el universo te de una explicación lógica, pero nada de eso sucederá…

El mundo seguirá girando alrededor del sol, las flores seguirán siendo hermosas y coloridas, la luna se seguirá metiendo con su luz por tu ventana.

Pero recuerda, que pese a todo aquello, se hará necesario que sigas andando, andando con el alma mutilada porque así simplemente toca aunque probablemente ni siquiera notarás tus lentos “avances”.

Respirar duele, estar vivo duele; ver a padres con sus hijos que te recuerdan al tuyo quema, incluso permitirte sonreír te hace sentir que cometes un pecado mortal, porque ¿cómo puedo sonreír si mi hijo murió?…

Pues te cuento que puedes y lo harás porque no sé de qué estamos hechos, pero tenemos esa capacidad de sonreír aun con el corazón hecho pedazos…

Está permitido sentirte culpable por sacar al sol tu sonrisa de vez en cuando.

Se te estremecerán las entrañas con cada mes que pasa, con cada cumpleaños, con cada navidad…

Te dolerá cuando tu familia o amigos cercanos ya no mencionen a tu hijo… , pero no te preocupes, debemos educar a nuestro entorno y ellos aprenderán que el nombre de nuestro hijo necesita ser dicho por todos los labios posibles, dado que eso se convierte en la más preciosa melodía para tus oídos…

Te diré que con el pasar de los días, meses o incluso años, te darás cuenta que el tiempo quizá no lo cure todo, pero te aseguro que ese dolor amargo que quema como un ácido que corre por tus venas ya no será tan insoportable.

Aprenderás que tu hijo estará tan cerca de ti que incluso sabrás que eres su legado andante, eres su embajador aquí en la tierra, porque a través de ti ella vivirá…

Son tantas cosas a las que se abre camino tu nueva vida, las personas echarán de menos al ser humano que fuiste ayer, pero los que queden a tu lado aprenderán a amar a la nueva persona en la que te has convertido.
Haz todo lo que se te ocurra siempre y cuando nazca de tu corazón…

Regresé al trabajo y de a poquito he tratado de aprender a caminar de nuevo y a disfrutar cada día…

Tú también puedes lograrlo y hacerlo no significa que tu hijo ya no importe, o que lo olvides… solamente es supervivencia…

Sentirás tranquilidad al mirar al cielo y saber que cada sensación de paz y tranquilidad te la regala tu precioso hijo…

Abre también tus ojos y presta atención a las señales que se te envían, incluso personas maravillosas llenas de empatía llegarán a tu vida para hacer tu camino mas llevadero, ábreles la puerta y déjalas entrar…

Y así, sin más, me despido y te abrazo en donde quiera que te encuentres.
Atentamente alguien que también sabe lo que se siente morir y seguir viviendo 💔

(Texto encontrado en Facebook y adaptado por Laura Ravetta – Mamá de Florencia – .

Trascender el sufrimiento

    “Cuando una persona que sufre una crisis existencial llega a un grupo de ayuda mutua, lo hace con todo su sufrimiento encima, no con el de la humanidad.

        Sin embargo, el hecho inicial de encontrarse con 40 o 50 personas que están experimentando la misma crisis existencial, le hace ver al sufrimiento como un fenómeno perteneciente a la humanidad, como algo inherente a la esencia del hombre.

        La resignificación del sufrimiento como esencial humano se refleja en la conocida frase común a los grupos de ayuda mutua: “Dolor compartido es dolor diluido”, frase que en realidad, significa que la percepción de la universalidad del dolor facilita la aceptación individual, al elevarlo por sobre sus emociones y sentimientos y hacerle ver a ese sufrimiento como un fenómeno perteneciente a la humanidad, como algo inherente a la esencia del hombre.

        Lo esencial del sufrimiento reside en el carácter ineludible del mismo como fenómeno humano común a todos los hombres, ya sea por la enfermedad, la vejez,  la muerte de un ser querido, mientras que lo existencial reside en la manera individual de sufrir, el vivir el propio sufrimiento sin escaparle, sin negarlo, sin considerarlo una enfermedad.

          La importancia de esto, desde un punto de vista práctico para el funcionamiento de un grupo, reside en que, a partir de la comprensión intuitiva del sufrimiento como aspecto esencial del hombre, se abre la puerta hacia un cambio existencial de una manera espontánea.”

        “Renacer nació y creció con el concepto, y más que eso, con la intuición que al sufrimiento sólo puede, o no,  dotárselo de sentido para así poder transcenderlo, por lo tanto, no hablamos de curación, de olvido o de superación. Pero aquí se plantea ya la primera semilla de divergencia.

        ¿Debemos utilizar el tiempo para elaborar las emociones y los sentimientos que el sufrimiento produce, y por ende, quedarnos en la persona psicológica, o debemos prestar más atención  a la indescriptible capacidad del mismo hombre para oponerse y enfrentarse a esos sentimientos y emociones y así, acceder a la persona espiritual?

        Debemos aclarar que no pretendemos un hombre desprovisto de emociones y sentimientos, sino un hombre que, partiendo de tanto sufrimiento, pueda darse cuenta que es libre, precisamente, para enfrentarse y oponerse a esos sentimientos y emociones, un hombre que pueda levantarse por sobre su dolor y ver, más allá de sí mismo, a otro ser humano que sufre y necesita de él.

        ¿Debemos, por otro lado, considerar más importante lo que acontece al hombre que la respuesta del mismo hombre a los interrogantes del destino?

           ¿Debemos trabajar arduamente elaborando nuestras emociones y sentimientos? ¿o finalmente, hemos de aceptar que lo que salva es el amor y la dedicación al otro?”

        “Ahora, al detenernos muy brevemente en la definición de la ayuda mutua como: “Un encuentro existencial de seres sufrientes que confluyen en un objetivo común: trascender el sufrimiento”, vemos como comienza a plasmarse un concepto distinto.  Encuentro, visto como una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano, en cuyo marco ambos integrantes del par “YO-TÚ” se reconocen en toda  su humanidad y, también se reconocen en su singularidad y unicidad, el encuentro se convierte, así, en relación de amor, como sostiene Víctor Frankl.

        Por eso, el verdadero Renacer se halla en el “encuentro” de los padres, encuentro que es directo y en el que no se interpone entre el YO y el TÚ ningún sistema de ideas.

        Hemos pasado, entonces, a considerar al otro como aquel para quien yo soy el otro. Nos hemos adentrado en una relación mucho más madura, más auténtica, menos egocéntrica, una relación basada en el amor.”

        Savater define al amor como “querer ser la causa de la alegría del otro”.        Este querer ser la razón del bienestar del otro, es moneda corriente en los grupos de ayuda mutua y se refleja en la profunda satisfacción que experimentan los integrantes cuando una nueva persona que se ha acercado a un grupo se retira del mismo con una sonrisa en los labios.

        Es más fácil, ahora, entender porque los seres sufrientes se quedan en  los grupos; porque en ellos adquieren su verdadera dimensión como personas, sin máscara alguna y se dan cuenta, algunos por vez primera, que es posible el amor entre los seres humanos.

        Si creemos que lo que salva es el amor, se hace evidente que ningún modelo psicológico puede reclamar paternidad sobre él.        El amor es un fenómeno humano que supera a cuanto modelo psicológico existente, más aún, es el fenómeno humano por excelencia, es el ámbito en el que existe el ser humano.

        Ese amor que surge de la vida y nos elige a nosotros como portadores, con toda nuestra tristeza  pero también con toda nuestra alegría. Amor que, con sólo no rechazarlo, con sólo dejar que nos una para salir hacia otros TÚ, nos permite educar, ayudar, liberar.

        Frente a todo esto, ¿queremos, aún reducir a Renacer a un mero lugar de análisis de emociones y sentimientos, no importando que modelo lo estudie?

        Pero, ¿cómo hacer para que cada padre pueda libremente, como ser único e irrepetible que es, hacer su propio Renacer de forma tal que, verdaderamente, podamos decir que allí donde dos padres se junten a ayudarse, allí estará Renacer?

        En nuestra opinión, la única manera en que esto puede suceder, es si estamos convencidos que Renacer es, por encima de todas las cosas, el lugar donde vamos a dar algo de nosotros en homenaje a nuestros hijos.

        A partir de ese conocimiento, depende de cada uno de nosotros decidir cual es el homenaje que nuestros hijos merecen; cada padre, cada madre, cada hermana o hermano, cada abuela o abuelo puede, entonces, hacer su único e irrepetible homenaje a ese ser tan querido, homenaje que ya no puede, entonces, ser indicado o tan siquiera sugerido por coordinador o conductor de grupo alguno. Pero esta absoluta libertad para decidir como honrar a sus hijos, que a su vez refleja la manera en que cada padre ve a Renacer, trae aparejada una enorme responsabilidad dado que esa decisión ha sido absolutamente incondicionada, es decir, libre y personal, y por esa decisión nosotros somos responsables, no importando ya ante quien decidimos asumir esa responsabilidad, ya sea ante nuestra conciencia, ante la sociedad, ante nuestros seres queridos que nos han precedido en el viaje evolutivo, o ante Dios.

        Debemos aceptar, entonces, que lo que cuenta es lo que vamos a dar a la vida como homenaje a esos hijos. Es más importante, entonces, lo que damos a la vida que lo que recibimos de ella, y nos damos cuenta naturalmente, casi sin pensarlo, que cuando muere un hijo lo que importa es lo que hacemos de allí en adelante, lo que cuenta es cómo vivimos nuestra vida a partir de lo que nos pasó y no lo que hicimos o no, antes de esa partida.

               Por otro lado, nos damos cuenta que somos capaces de elegir ese homenaje a pesar de nuestras emociones y sentimientos y, por extensión, podemos elegir una manera de vivir no condicionada por esos sentimientos.        Parece evidente que quien tiene que hacer su viaje por la vida con un platillo de la balanza sobrecargado por las realidades que el destino, ya sea biológico, psicológico o circunstancial le ha deparado, la mejor forma de ayudarlo no es aliviar el platillo de su destino,  hecho por sí imposible de llevar a cabo, sino cargando el platillo de lo que él ofrece a la vida mediante la realización de posibilidades mejores, que cumpla la triple  condición de ser bueno para la persona, ser bueno para los demás y ser bueno para la vida misma.

         ¿Y qué es aquello que nuestros hijos nos dejan como mensaje que es bueno para nosotros, bueno para los demás y bueno para la vida, y que además de cumplir con esa triple condición, es tan universal que imposibilita disenso alguno?

        Una vez más, casi sin proponérnoslo, hemos llegado al único mensaje que nuestros hijos nos dejan: el amor