Hay estados interiores para los que no existen las palabras

Hay estados interiores para los que no existen las palabras.

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Por Enrique Conde


Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos, en ese camino, lo mejor.

         Podemos decidir, ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decidir que es lo que queremos ser.

        Podemos elegir una nueva vida

         Encontrar el modelo frankliano, fue encontrar un modelo que reconoce la libertad del ser humano y junto con la libertad, la responsabilidad, que de esa libertad emana.

         Un modelo que reconoce, en el hombre, la libertad de elegir no sólo el “para qué” de su sufrimiento, sino también, saberlo una condición esencial de la existencia humana, e intuir  la capacidad de encontrar sentido a una tragedia.

         Desde esta cosmovisión humanista, centrada en un hombre libre,  responsable y orientado a metas que no son él mismo, apoyado en valores elegidos libremente y con profunda dedicación a ayudar al hermano que sufre, es que Renacer propicia este modelo como fundamento filosófico-antropológico para los grupos Renacer.

          A través de esa transformación interior, la muerte de un hijo no va a ser en vano,  esos hijos son estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron y se fueron. pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos.

          Son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades, ésta es una de ellas.

          Muchos fueron los conceptos que se han profundizado en charlas y encuentros, de donde todos podemos intuir lo dicho  por Alicia: “hay estados interiores para los que no existen las palabras”

          Cierta vez, observando en un baile la alegría dibujada en los rostros de los mismos papás y mamás que, poco tiempo atrás, estaban congestionados por el dolor, Gustavo dijo: “es el misterio  de la fuerza indómita del espíritu” de que nos habla Víctor Frankl”, reafirmando lo que había expresado horas antes, al decirnos: “Frankl nos hizo ver el sufrimiento de manera distinta, nos hizo ver el sufrimiento como catalizador de un crecimiento interior.

          La muerte de un hijo debe servirnos como una plataforma de despegue, como una plataforma de despegue espiritual, una plataforma donde asentarnos, crecer y ser personas distintas